MORFEO, MNEMÓSINE, OBLIVION

La pasión trasciende los límites cuando  escribir es una la forma de exorcizar nuestros poderes ígneos, un divertimento del escritorio de Luis Ríos

 

MORFEO, MNEMÓSINE, OBLIVION

 tres

 

No querer abandonar su imagen y el olvido que traerá de la mano su muerte en la doctrina del sueño. Soñé e inicie escribir por propia naturaleza, trato de convencerme que esto lo hago meramente por el ejercicio de la memoria y como Sinuhe el Egipcio decido escribir para mí, para nadie más, manifiestamente para nadie más que ella, ya que su esplendor y su declive dependen enteramente de mí, antes de dar inicio a dudar lo indubitable (algo muy propio de una de las neuras que tan decidida y delicadamente he cultivado) como exégesis propia, este relato onironauta no va a ser espontaneo porque me resulta inviable la labor de escribir como hablo o  pienso,  en mi mente las cosas no se simplifican, en su lugar sibaritismo es ascético, las anáforas  se tornan únicas, y el articulo nunca ha de coincidir con el género y número del sustantivo, sin embargo en el exterior queda el orgullo del laconismo espartano.

Han pasado 4 horas y revolotean pensamientos cuestionando si el tema es digno para ser escrito (en la antigua oralidad no sobreviviría una luna) incluso si no tiene más destinatario que quien escribe, en tanto menos de la mitad de ella permanece conmigo, describiré los hechos antes que ella me sea totalmente ajena, y su etéreo espacio en mi letargo lo ocupe en la vigilia algún ser menos real.

El espacio carece de sentido, en los sueños un lugar son todos los lugares, pero necesite solo un piso embaldosado y unas escaleras angostas para que desfilara esa extraña figura de ojos tristes y de inmediato le implore con exigente acto de fe que me esperara afuera, ella sin responder a mi petición me dirigió prudente su mirada y descendió (la incertidumbre en mi pecho aún la tengo) tras  ella salté la veintena de angostos escalones tan rápido como puede, saliendo a la vereda, la lluvia ambientaba la escena lamentable ( al transeúnte de sombrilla abierta) el avistamiento de un  pequeño ser agitado  y corto de vista  frunciendo el ceño en busca de formas, colores  y  ropas, pero… ¡pelo los dientes la bruja! la encontré (me encontró) esperándome a 4 metros, recostada contra una pared sosteniendo mi mundo, sonriendo la veía  y me dijo algo que ya no pertenece a mí desvelo.

Poco más baja yo,  precio justo  por el  aura de tierna lujuria que se aferraba a ella, nada era tan artificial como la simplicidad de su belleza,  esos grandes ojos oscuros que brillaban, su piel pálida y su cara empapada la hacían irresistible (convertirla en una hipérbole es mi deseo, exagerar los adornos y atributos es mi empeño) su pelo bruno empapado se ondulaba por ambos lados de la capota de la Parka alemana oliva, de 2 o 3 tallas más grandes, le daba una imagen  mucho más  indefensa, hermosa y  desdichada. He empezado a la dejar su nombre que sentí atemporal (ahora convertido en anagrama sin descifrar) “Alisa”.

Intercambiamos verbos que ya son inaudibles, caminamos obviando los charcos y doblando en la esquina empezamos a subir, y mis ojos inversos a la proporcionalidad de la geografía, descendieron en disimulada procura de sus tetas (¿Sus tetas? no las recuerdo y ¡nada lamento más!) Luego la tuve entre mis pardos brazos y real fue sentirla, verla, olerla, saborearla, hasta limpiar con mis dedos las gotas quecombinando sus sonidos resbalaron por su blanca cara, era tangible, como las letras que pongo y releo.

Han pasado 6 horas entre este párrafo y el primero. En los papiros actuales no hay guía para volver a verla, la ilusión es inútil, como inútil es culpar a Mnosinie de esta pena infundada, a mí mente tediosamente han llegado las Ruinas Circulares y empiezo a perder la calma (ahora medio Bustos Domecq la piensa). No puedo decir que la amo, me niego a esa condena, lo mío es el deseo, apetito y codicia, poco o nada queda ya de ella.

La decisión está clara, entrar en la oscura secta oniroclata, selecta y olvidada por los que soñaron y sueñan en este largo sueño que es la vida, pero ahora la duda entra una noche después de Alisa o ¿Es la primera mujer cuya sensualidad frágil tengo y luego olvido? No lo recuerdo… Ergo las olvidé en un número infinito de veces.

Alisa a un día es ajena, anoche soñé con marineros gallegos y viejos amigos exiliados por chistes malos.

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Es solo un pequeño reflejo.

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La única opinión que me importa es la tuya, por que como lo dice ese famoso filosofo y poeta de la ranchera, Jose Alfredo Jimenes,  las demás opiniones del mundo me salen sobrando.

Es solo un pequeño reflejo.

 

De los hechos de este relato que intento contarles ahora a pasado tanto tiempo que ya no sé si lo que escribo se aproxima a la verdad, por lo menos siento que se ajusta a mi verdad, mis recuerdos impregnados de aromas, que como vestidos viejos y flores secas que guardamos al fondo del desván, con el fin de preservar algunos recuerdos felices,  terminan convirtiéndose en un oscuro y eterno recordatorio  de la ruina, la vejes y la muerte.

Cansado ya por los múltiples desengaños de la vida, traigo a mi memoria los recuerdos de este amor que nació de una forma inocente y que se convertiría con el trascurrir de los eventos en una maldición para todos aquellos que fuimos sus protagonistas.

Recuerdos de veranos de pueblo, las ganas de nadar en el río, de dormir sobre las piedras blanquísimas de la playa, de comer guayabas hasta hartarnos, y nísperos, y luego hacer el amor como solo los jóvenes pueden, sin miedo de su desnudes, sin temor de lo que se demuestra, sin conciencia del futuro, ni del amor, como animalitos arrechos, revolcándonos en medio de los pastizales, el mejor sexo del mundo, el sexo con olor y sabor a frutas, besos que tenían la delicada sabrosura de la madures frutal, labios carnosos como la fruta del árbol del deseo, escurriendo el placer por las comisuras.

El descubrimiento de todas las sensaciones, de todos las criaturas que dormían reposando en la inocencia de nuestros deseos y que luego se trasformaron en dragones que ígneos fundieron con su aliento mi inexperiencia y la de otros, nos perdimos en la búsqueda de los recónditos placeres de la homosexualidad, de los barrocos besos de los amantes del mismo sexo, de las caricias a ratos tan contenidas que son irreales y a ratos tan ciertas que lastiman, las dudas que nos carcomen en el fondo del alma, y claro las ganas que nos roen aun desde más adentro, por conocer, porque no quedaba de otra, porque en ultimas era lo que más deseábamos en ese momento de nuestras vidas.

Jugamos cada vez a juegos menos inocentes, entre risas de gozo por la sensualidad de las cuestiones, terminamos por atizar este amor que nos refundiría a ambos por diversos caminos de la vida, amenazando con perdernos en algunas ocasiones, y en  otras, las mas, haciéndonos vivir la realidad de nuestras almas con inusitada intensidad, apreciando con cariño nuestras hermosas pero inútiles alas de vampiro.

Estos recuerdos se me asemejan al río de la Unión; a las juntas, allí donde los caudales de los dos ríos se unen, ambas ahora una sola corriente pero incapaces de mezclarse, avanzando rivales en el mismo cause, negándose a fundirse, sosteniendo obstinadamente sus colores,  sus sentires, así yo, nosotros, tratando de hacer homogéneos nuestros encontrados sentimientos, nuestras alegrías pecaminosas, sin saber en este momento que el ser humano está condenado a la soledad eterna de su alma, y las amistades y el amor y el matrimonio no son más que falsas premisas con las cuales sembramos nuestra vida para engañarnos y fingir que no le tememos, que podemos sobrepasar la muerte… Pero no es cierto.

Caminábamos por los desechos, por los senderos de los conocedores, para poder acariciarnos con descaro el trasero, para poder hacer el amor recostados en cualquier lado, perdidos en medio de la sensualidad de los momentos pero también, perdido el rumbo de nuestras vidas, no quizá no perdido, descansando etéreo en algún lugar, luego volvería cuando el secreto fuera ya imposible de contener, cuando la obviedad de la relación fuera imposible de negar, las bromas de los amigos, que son los que menos importan pues las relaciones de fraternidad  son las mas prescindibles, lo jodido, lo realmente jodido es la filialidad, lo jodido lo real mete jodido son los hermanos  y por supuesto los padres, los lloros y las recriminaciones y  hacernos sentir como criminales seguramente abran hecho que muchos se disuadan de su sexualidad, para convertirse en psicóticos y estresados que son incapaces de expresar afecto, pero que en ultimas son un modelo más digerible para la mojigatería de la sociedad.

Difícil, duro, quizá serian palabras para expresar el miedo y la ansiedad del momento, para expresar los diferentes matices de aquel sentimiento tan peculiar que experimentamos cuando sabemos que “nos han pillado” sudoración en las manos y todo lo demás, culpa infinita, y sin posibilidad de redención, mas aun cuando yo no la quería; mi amigo, mi querido amigo, sí; tristemente el amor fue derrotado otra vez, que curiosidad que un sentimiento tan fuerte pueda ser destruido y machacado por la planta desnuda y callosa de la xenofobia, así habría de ser sin duda alguna.

Hoy día ya ha pasado mucha agua por debajo del puente de la Unión, han pasado muchos años de este suceso, mi  cuerpo dista de ser el de un adolescente núbil, mi mente a madurado en su diferencia, he creado un pellejo duro, puedo decir con orgullo a pesar de lo que piense la gente, “Soy” con esas resonancias místicas que le dan tan tremenda fuerza a la palabra, bien o mal he sido y seguiré siendo si es lo que me permite el destino, o el tiempo, que en ultimas es al amo más cruel y al cual no se puede engañar.

La última vez que pudimos compartir nuestro secreto fue en la orilla del mismo río, habían pasado un par de años y el rastro inevitable del cambio se notaba en nuestras personas, fuimos otra vez, por un brevísimo momento, adolescentes repletos de deseos, luego la despedida, la partida, la nada… Camine por sobre el puente viejo, me recosté en sus cables de acero gruesísimos, y al hacerlo me percate de la cadenita de plata que colgaba de mi cuello y que nos habíamos ganado en una feria del pueblo, la marca que el tiempo otorgo a nuestro deseo, la jale de un tirón lleno de despecho y la solté en el río, la vi por última vez, un momento antes de hundirse, luego solo fue un pequeño reflejo, algo aparente, que puede ser y no es, confuso, algo igual que mi primera vez con el amor…

 

 

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La noche de los duendes

 

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Raras veces quien recibe ayuda realmente la merece,,,, los individuos más valiosos de la especie no la  aceptan jamás,,,,

La noche de los duendes

La luz amarilla del sol de la tarde rebota contra los árboles, contra los pastos y las rocas; esparciendo motas de luminiscencia dorada por los alrededores de la laguna del Paramillo, los Zumbas pasan rompiendo el aire y persiguiendo pequeños animales que serán su cena y la de sus polluelos, recostado en un tronco veo como la boya de pesca se balancea suavemente, hipnóticamente, sin darme cuenta en qué momento, me cambio de reino, en un parpadeo ya no estoy en esta tierra, lo sé porque la tarde luminosa es aún más luminosa, lo sé porque sentada en una piedra veo a mi tía Adela sacudirme la mano con esa gracia tan suya, me levanto y también se dé la irrealidad de este mundo porque los pequeños dolores cotidianos no me acompañan y me siento ligero e ingrávido, sin darme cuenta del recorrido me encuentro junto a mi tía, hablamos de tantas cosas que ya no se recordar o no quiero escribir, al final me señaló hacia la orilla de la laguna y entonces la vi; era una mata de cartuchos de esos que crecen  y que he visto innumerables veces cerca a los humedales y las lagunas,  los recuerdos se me salieron, rememoré cuando era un cachorro agarrado de su falda y la acompañaba  acoger las flores para venderlas el sábado,  eran un obsequio del  páramo, escuche su voz que me decía; -Cójalas mijo.- eran cuatro flores que tenía el cartucho, eran luminosas y casi que resplandecían con una blancura nívea e impropia de la realidad; -Cójalas.- volví  a escuchar; me voltee y mi tía ya no estaba, en cambio en la laguna un pato de arcoíris y aceite se levantó con un chapaleo y se alejó volando hacia el sitio donde se encuentra la alguna de Chingaza, me fui a coger las flores pero apenas toque una de ellas sentí un tirón en mi mano, desperté, una trucha había picado.

El día se consumía en el ocaso y con los cuatro pescados que había atrapado regresaba de camino al hato  del Indostán,  siguiendo  el afluente de la quebrada EL Raudal, me perdía indómitamente en los reinos de la imaginación y descubría casi que con placer como el lenguaje mudo e infinito de la naturaleza me absolvía de mis dudas, la quebrada se convirtió entonces en el rio de la vida y allí reflejado fielmente vi mi devenir, me perdí en pensamientos antropológicos donde no logre comprender muy bien porque el futuro posee esa belleza narcótica y obsesiva para los hombres, esa necesidad de entender o preconizar  nuestro destino; en las tasas de chocolate o en la forma descuidada que adopta la candela cuando quema un cigarro, pensé que el destino era fácilmente deducible si se conocía la realidad de las cosas, comprendí porque era una cualidad tan preciada y escasa; solo los individuos más excepcionales de la especie logran comprender la realidad en toda su magnífica cotidianidad, en cómo decirlo sin sonar a chiche, en toda su compleja y absoluta simplicidad.

La quebrada ahora me habla al oído, es quien yo soy, sus meandros son los míos, sus portentos son los míos, así como se contamina con las montañas así yo me contamino con la vida y muero a  la vez que me enriquezco y vivo  a la vez que me desgasto, porque solo somos posibles desde la contradicción, un trozo de la quebrada esta trancada por un tronco, el agua imbatible solo toma un segundo para rebasarlo, miro con atención el impedimento que detiene el curso normal de la corriente, me vinculo y descubro quien soy en este momento de mi historia, descubro mis impedimentos  de una manera tan física como ese tronco que impide el paso del torrente, es una  teofanía es un momento de iluminación, es un momento mágico y sagrado, solitario como lo son siempre esa clase de momentos…

Me invade la risa, una alegría sin inflexiones ni dobleces una muy cercana a la locura o quizá infecta de alguna clase de ella, la alegría de la iluminación la felicidad de haber pasado al siguiente estado mental, una especia de buda viviente, soy capaz de resolver todos mis problemas y mis miedos, tengo una solución absoluta y demoledora, por encima de las mezquindades de las relaciones humanas, por encima de la convención del dinero, y del cascaron huero de los negocios, una solución para eso y todo lo demás…

Las plantas del camino casi que se apartan a mi paso como en esas mitologías de descubrimiento personal, la garganta que forman los andes en este punto genera una caída que el romperse en mil fragmentos genera una neblina de roció, al fondo de la cual, cerca al final del precipicio se mese un arco iris circular, un aro iris, descubro el símbolo oculto en el símbolo, respiro ese aire que es casi agua y levanto mis brazos en señal de libertad, al dar la vuelta he perdido pie y he caído desde unos treinta metros, me he  roto en pedazos y sin poder parpadear miro como una mancha roja que es mi sangra invade mi campo visual, me apago lenta e inexorablemente, con la solución en mi interior, con la repuesta a todas las preguntas, con la iluminación.

PE/ Luego de escribir este cuento pensé en la casualidad y la desgracia que ha acompañado a los iluminados de todos los tiempos, es como si darse cuenta fuera una impensable blasfemia, una ofensa contra algún dios, algo que mereciese la deshonra, el escarnio y la muerte.

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Darwinismos

Que delicia es la comunicación cuando los mensajes pasan de la cabeza a los dedos sin pasar por la boca.

atardecer en el alcaparro

Darwinismos

Me encanta mi trabajo actual, me ha permitido crecer de diferentes maneras, me fortalece físicamente, espiritualmente e intelectualmente, me gustaría sumergirme ahora en mi mente y narrarles las mitologías psiconáuticas que tejo cuando tumbado en la blanda hierba de una ladera ignota de los Andes miro la infinidad del firmamento nocturno, me conmuevo al pensar en el gigantesco misterio que se desliza silente sobre nosotros y me maravilla de igual manera la miopía que nos impide ver este milagroso portento cotidiano, el cielo florece en su esplendor oscuro, como una flor malvada, como una figura literaria retorcida.

Podría también hablar de cómo en medio de las brizas andinas dejo que mi herramienta de labranza se entierre en el húmedo vientre de la tierra donde destrozo y recreo la naturaleza a mi antojo y me siento feral y elemental, pero también me siento lleno de un sentimiento molecular de divinidad y mi azada cuando se dibuja nítida contra el cielo de la montaña tiene el poder del martillo de Thor, del abrazo del leviatán y mi divinidad en este universo diminuto de alcaravanes y ranas es innegable y mi chispa diminuta es el reflejo de la chispa divina de la cual apena somos pálidos reflejos, un Atlas me siento, un demiurgo que conduce las aguas, me siento un titán; en mis mejores momentos me gusta creer que soy como Prometeo, y dejémoslo allí por que las implicaciones son demasiadas como para explicarlas en este momento.

Pero hoy quiero hablar sobre esa fase intelectual que a partes iguales me emociona, que en mi ha generado un instinto y una curiosidad que gracias a mis Dioses jamás se ha extinguido; camino descalzo por el piso de madera de la casona que como un ser vivo, a esta hora de la noche duerme; me deslizo por los silenciosos corredores y la luz azul de la luna todo lo convierte, todo lo troca en otras cosas, así el árbol de durazno ya no es un árbol de durazno sino una bestia sibilante; así el gato angora de mi tía, es ahora un animal hecho de cenizas y rescoldos; así las vacas que me miran con sus ojos gigantescos, son las famosas terneras de tres cuernos que mi padre cultivaba hace milenios en una finca que se llamaba La Jabonera; deambulo en medio de mi insomnio en esta casa prestada, en esta casa que a pesar de ser ajena siento tan mía, me deslizo hasta la biblioteca que huele a rancio, a libro viejo, a conocimiento olvidado, mis dedos se deslizan casi que en una caricia erótica por los lomos de los libros, me encanta escogerlos así, sin ver sus títulos, me encanta la sorpresa de no saber qué voy a leer esta noche de desvelos…

Siento un material diferente en el lomo del libro, es como tela, ese mínimo detalle me hace elegirlo, lo meto debajo del brazo y emprendo mi lento y silencioso regreso a la luz, al calor de mi dormitorio; camino y al llegar al corredor vidriado de la casa empiezo a escuchar una cantinela, decía algo como esto “Todos sacaban las ramillas y lo hacían de sus huevillas, porque en ellas nacían” me acerco a la sala y veo a través del cristal un grupo de siete u ocho duendes bailando en circulo y repitiendo este estribillo mientras alimentaban un fuego verde intenso con ramas que sacaban de entre sus pantalones como en la copla que cantaban, me quede hipnotizado viendo la escena y sin darme cuenta intente avanzar un paso más para verlos mejor, sonó el chillido casi imperceptible de una tabla, me oyeron y al voltearse se fueron desvaneciendo y deje de escucharlos y de verlos solo quedo un pedacito de pasto humeante allí donde había estado su hoguera, aquí en estas veredas cercanas al paramo no es tan raro toparlos, algunos comerciantes avezados hasta logran hacer tratos con ellos, en algún lugar en la profunda leyenda de esta casa se dice que mi abuelo le gano una apuesta a uno y de esta manera consiguió una jícara de barro llena con morrocotas de oro, con las cuales compro estas propiedades que se abrían de convertir en el hato El Alcaparro, al capitán Jaime Duque.

Me despabilo y decido seguir para mi cuarto, seguro que los duendes ya no volverán o si lo hacen quizá lo harán otra noche, quizás en otro relato, me meto en mi cama que tiene las sabanas heladas, me dispongo a leer el libro que acabo de traer de la biblioteca es un volumen sobre la teoría de Darwin sobre la evolución, hablaba de sus famosos pinzones y el autor más osado y quizá menos científico proponía toda una serie de sucesiones evolutivas, a veces muy obvias y otras veces rocambolescas, mire la fecha de publicación y me di cuenta que era de la primera década del siglo pasado, 1908; al rato me descubrí cabeceando me despertaba el libro que se caía sobre mi cara, decidí que ya era hora de descansar, apague el bombillo y la luz nítida de Chía penetro por las cortinas inundando la habitación de una claridad pálida y mágica, me acosté y la luna con su rayo tocaba mi almohada a este hecho tribuyo el sueño que tuve.

En este sueño yo era como un espectador omnisciente, un erudito, un estudioso que intentaba comprender la historia de la evolución de un mundo lejano y desconocido, separado de esta tierra por miles de años en el tiempo y en el espacio, separado de esta realidad por muchas más cosas que el tiempo y la distancia, separado de esta tierra y sin embargo tan parecida a ella, tan singular como la pequeña joya azul en la cual navegamos en el cosmos, salvo que; la especia que evolución no fue un omínido, fue el Tarsero Fantasma (Tarsius Tarsier) no sé si lo conozcan; buenos es un primate pequeño que en la tierra se desarrollo en las selvas de Borneo y de Sumatra; y su nombre deriva de que es un cazador de pequeñas bestias e insectos en medio de la noche, su característica mas distintiva son sus enormes ojos que ocupan casi el 60% de su rostro.

En este mundo tan igual al nuestro y tan distinto a la vez, el Tarsero evolucionaba casi de la misma manera que los homínidos pre humanos; con la diferencia que, debido a su naturaleza nocturna no desarrollaron primeramente el lenguaje oral como los humanos primitivos sino que por ser cazadores nocturnos y por su excelente vista inventaron un sistema de símbolos, mejor dicho los Tarseros de este mundo descubrieron primero el lenguaje escrito que el lenguaje oral; me reía fascinado y embelesado veía pasar frente a mis ojos le lenta evolución de eones en tan solo unos minutos, los vi desarrollarse y pelear con otros, los vi canibalizar a las especies menos dominantes, los vi ser civilización y déjenme decirles que civilización, allí fue donde sentí pena por nuestra simiesca rama evolutiva.

Las ciudades de los Tarseros estaban pensadas para ser nocturnas y brillaban con una suave luminosidad flúorica, sus calles y edifico eran de material vegetal, mejor dicho habían modificado genéticamente los arboles para convertirlos en casas y edificios, ya que este mundo algunas especies vegetales eran kilométricas, las ciudades se perdían en los bosques con armonía musical, estaban pensadas como una extensión del mundo natural, no como un lugar para aislarse, florecían los artistas, sobre todo los visuales y en general todo el arte que tenía que ver con la visión de las cosas y con la observación, pues aunque muy lejano en su pasado evolutivo todavía eran Tarseros y sus ojos eran delicados instrumentos de estudio y de observación y el sencillo silencio era la mejor manera de comunicarse, no era que fuera un mundo silencioso, era un mundo en el cual se hablaba cuando se tenía algo que decir y el resto del tiempo el clamor de la naturaleza se extendía por todos lados ya que en estas ciudades de parques y selvas era impensable un ruido diferente al canto de los pájaros, al sonido de los insectos y al refrescante gorgoteo de las quebradas, la gente se movilizaba en unas aves gigantes y parecidas a nuestra avestruz salvo que quizá con el doble de su tamaño; a primera vista parecían sus centros urbanos aldeas medievales, luego al ver su arte y su ciencia se podía percibir el adelanto de milenios que tenían sobre nosotros, programas de control de la natalidad, de consumo de alimento, educación accesible para todos, eran algo así como un utópico comunismo.

Las ciencias florecían impulsadas por su natural tendencia, literatura, dibujo, instrumentos de óptica para ver de muy lejos y de muy cerca, para hacer grande lo infinitesimal y para poder explorar en la ignorada lejanía del cosmos, en fin se podría decir que eran una sociedad pacifica, exitosa y estudiosa; maravillado repasaba en mi mente como los vi crecer y bajarse de los arboles hacía miles de años, y ahora eran una civilización pujante y en crecimiento; una civilización, tristemente lo admito, mucho mejor que la nuestra.

Se han fijado como la fuerza de la evolución todo termina por moldearlo, en todos lados esta, pareciera que hasta se permeara en las cosas inanimadas, se han fijado también en esa rara cualidad que posee; en ocasiones moldea a los individuos de una especio por milenios adaptándolos lentamente al propósito que su necesidad les encomienda, pero en algunos otros momentos actúa de forma rápida, certera siempre, sorprendente, porque esa es la naturaleza de la naturaleza, valga la pena la aliteración; este es el recuento del último salto evolutivo de esta especie ultra estelar, de esta raza de seres nobles e inteligentes, dotados de una sensibilidad especial y de un deseo por el estudio casi que atávico.

Milenios de ser estudiosos habían hecho que los Tarseros de este mundo sufrieran mucho de sus delicados ojos, así que lo común era que todos los habitantes de este mundo usaran anteojos, los habían inventado hacia cientos de años y eran toda una maravilla, protegían y ayudaban a mejorar los ya increíbles ojos de la especie, eran tan comunes que pasaron a ser algo muy propio de su género; lo que no sabían era que la naturaleza estaba a punto de intervenir nuevamente en ellos y realizar un salto evolutivo; así fue que en determinado momento, a todos los individuos de su tipo les apareció una tercera oreja en la frente… y fue una maravilla; ya que esto aumento su capacidad de escuchar, sus sentidos crecieron a la par que su sensibilidad por la música y el canto, incluso algunos aseguran tener ahora el poder de la clariaudiencia; además soluciono como por ensalmo el problema de; en donde poner el lápiz, cuando los estudiosos hacían sus observaciones, pues al usar todos gafas no podían ponerse en la oreja el gis de los apuntes, por eso ahora aunque los Tarseros siguen teniendo problemas oculares y usando lentes ya saben dónde deben poner el lápiz de sus notas… en la oreja de la frente.

El sueño se diluyo entonces en su rareza insólita y solo ahora que lo escribo comprendo, por fin, su oculto significado; no importa cuán extrañas, impensables e improbables sean las circunstancias, el universo siempre actúa de la forma correcta, el destino jamás falla, nuestros anhelos nos quieren impulsar en el sentido de la realización nuestros sueños.

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He regresado a los bosques

 

He regresado a los bosques que me generaron, que me hicieron crecer al regarme con el agua más pura y los aguaceros mas torrenciales que quepa imaginar, regrese y con temor empecé a espiar por el rabillo del ojo, queriendo ver al jaguar y al oso, queriendo presentir en un relámpago de luminosa velocidad al venado andino, vi las bestias magnificas del bosque y me sentí satisfecho, vi la cobija de nubes que imponente se extiendo por sobre los andes y que arropa todo lo queda más abajo y nos permite a los amantes de las cumbres cubrirnos de ese azul infinito con el cual se viste el cielo, ese azul que es casi como un regalo lleno de complicidad para aquellos que somos montañeros en nuestro corazón.

Mas adelante también alcance a percibir a las bestias míticas, los gallos de brasa bailando en medio de las fogatas, los gatos de ceniza revolcándose en sus tibios fogones y las nubes luciérnagas alumbrando la noche con sus cocuyos hechos de centellas; me inflame y me henchí de poesía y de belleza y aunque todo estaba poseído de su perfecta y milagrosa irrealidad, no podía sacar estas cosas de mi alma, mi pecho se negaba a cantar los himnos que mi mano ocasionalmente recoge para forjar las locas historias que una y otra vez recuento. Temí jamás poder sacar un trago más, del fondo del pozo donde abreva la belleza.

Los sucesos cabalgan sobre el lomo del tiempo, he perdido para ganar, he soltado ahora para poder agarra más adelante, los sueños de toda mi vida han cobrado sus alas y revolotean en mis cielos, al perder todo mi poder he llegado a ser más fuerte y al soltar el peso inconcebible de la cotidianidad he podido surcar el infinito espacio de mil submundos.

He sido convocado, me han invitado a sentarme en el círculo, he sido llamado por mi nombre antiguo, he asistido como un chaman y un guerrero y mis palabras que el viento diluye se amalgaman en los delgados aires que circundan las lagunas, que empujan la neblina, que abrigan con su helado abrazo los amaneceres irreales de Fómeque.

…Y ni aun así podía escribir, tome el camino, me junte con los otros locos, con los dioses y los titanes antediluvianos, escuche, no con las orejas sino con todo mi ser, las apalabras de aquellos que siendo más sensatos también eran más sabios, y aun no podía sacar lo que dentro de mi pugnaba por salir, presente pagamento y mi más antiguo maestro me hizo caer en la cuenta de lo que pasaba, tenía el corazón muy pesado, tenía mucho tiempo atesorando dolores viejos y rencores inútiles, fue así que en un momento, en un solo parpadeo del tiempo me deshice de todo ese lastre y así pude bailar sobre el espejo de la laguna, pude volar junto con el halcón solitario y los gregarios patos, pude dejar de ser para al final volver a ser desde una nueva perspectiva, para renacer limpio y nuevo, sin macula, de las aguas de la laguna mágica de Chingaza, me abracé con mi amigos, nuevos y viejos, me aliviane y cuando regrese por fin a los cuadernos y a mi antiguo computador y sus signos evanescentes encontré que por fin había vuelto a mi alma, encontré que ahora podía hacer lo que me diera la gana, decidí entonces ser sueño pre cognitivo, risa y abrazo, decidí ser yo.

 

 

 

 

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No es hora de irse, aun las utopías esperan, por nosotros.

Un pequeño divertimento, un ejercicio de narración y de construcción literaria, espero se puedan perder en sus recovecos.

piedras del tunjo

No es hora de irse, aun las utopías esperan, por nosotros.

 

Le conocí y aun le compartí el gusto por cierta clase de libros, de profundas y constantes exigencias físicas e intelectuales que me hablaban del carácter y la disciplina de mi amigo; disciplina, sospecho; cultivada por toda una vida; me decía al preguntarle sobre el tema.

-Algunos tendremos que ser más que humanos, algunos nos acercaremos al poder de los dioses, les amenazaremos, blasfemaremos y robaremos su fuego y todo lo que tengan de más sagrado, cuando logras vencer a los hados de tu destino la existencia cobra su verdadero sentido…

La declaración se me hizo teñida de una sospecha fugas, reconocí que quizá, Eme mi compañero de cuarto en la facultas de cine y televisión, mi amigo de farras espantosas, y de juergas casi interminables podía ser un guerrillero… entonces se lo pregunte; me negó con toda la solemnidad que era capaz este sinvergüenza, me dijo que eso no era así, luego, sacando a relucir a Borges, me hablo de la historia de la infamia en el mundo, con una idea que no entendí muy bien pero que en resumidas cuentas me declaraba culpable del delito de no confiar en los amigos, al final ya para despacharme me dijo. “No todo es dado saberlo en el mundo, sino. ¿De qué te sorprenderías?” Me callé para dejarle sospechar su triunfo dialectico, pero pensé que en la historia de la humanidad los iniciados de todas las sociedades secretas se creen autorizados a mentir amparados por la falsa sensación de que los fines últimos son más grandes, y Eme se había levantado su toga de iniciado y yo había visto allí que Eme era un devoto aunque aun no sabía de qué.

El encanto de vivir en la parte vieja de la ciudad me hacía en algunos arrebatos de locura creerme un detective de las gentes que se cruzaban en mi camino, ya conocidos ya desconocidos, que me permitían inventar una historia a su paso, siempre me considere de imaginación fructífera, aunque ahora me pregunto si toda aquella sofisticación no era más bien una mal disimulada misantropía.

El ultimo día que lo vi fue el viernes cuando se fue, llevaba su cámara fotográfica -Nos vemos el lunes- Dijo, y salió apresurado , el viernes estuve bailando hasta el amanecer en una discoteca del centro, aunque quizá más bien fuera un antro, un burdel, por esta razón la encontré el sábado hacia medio día, era una nota junto con un rollo de película fotográfica,( Y aquí me podría enfrascar en una discusión eterna sobre por qué la fotografía digital nunca será igual a la fotografía análoga, les podría hablar de la luz y de la magia del cuarto oscuro, pero quizá solo es un vano intento de mi alma anacrónica que se niega a los adelantos, sospecho que impulsada por un afán de falso romanticismo.) La nota decía.

“Mi padre rompió el sello, no sintió el susurro del demonio y a liberado al maligno por el mundo, por eso esta noche deberé vagabundear en solitario para cazar a ese ser que se alimenta de las penas; si no puedo regresar deberás revelar la película y allí encontraras las pistas que te llevaran a mí, en todo caso marca a GABRIEL.”

El lunes por la mañana tocaron a mi puerta, eran dos policías, (¡¡¡Cerdos!!! Pensé en las mil posibilidades, en la juerga hasta cierto punto ilegal del fin de semana, la desconfianza patológica a los corruptos.) Pero la noticia era algo peor habían encontrado a Eme muerto en una vía poco transitada de las afueras de la ciudad, había muestras de tortura, le habían arrancado los ojos mientras aun estaba vivo. No quise comentar nada de lo que la nota decía pues primero quería ver lo que me revelaría la película al desarrollarla, me encerré en el cuarto oscuro que teníamos en el piso que compartíamos con Eme, (Una pasión particular que nos gustaba practicar, nos daba un aire de artistas, como decía mi amigo de artesanos de la fotografía y yo sabía que cuando decía esto se imaginaba como si cogiera la cámara y la golpeara con un martillo y un cincel.) al cabo de tres cuarto de hora empecé a ver aparecer las imágenes en la cubeta del fijador, era una serie de fotos, era una excursión, desde la salida de la residencia que compartíamos podía seguirlo a través de las fotos hasta una salida de la ciudad, las fotos finales mostraban unas gigantescas rocas, la ultima era de una roca enorme como una casa con una hendidura perpendicular muy profunda, esta foto fue tomada ya bien entrada la tarde, presumí que el rollo había asido usado en su totalidad en el curso de un día, la tercera o cuarta fotografía me mostraba una iglesia conocida, era la iglesia de san Francisco, la más antigua de Bogotá la que se encuentra en la séptima con trece,( Frente al edificio de El Tiempo, y pensé en el acierto de las ironías de la vida, el edificio de Dios solo podría erguirse frente al edifico del Tiempo.) en su reloj, que es una curiosa antigualla, marcaban las once de la mañana a partir de este dato deduje que el sitio de las últimas fotos se encontraba distante de allí a unas seis horas, quizá algo menos.

Decidí finalmente entregar lo que tenía a la policía, llame al teléfono que me habían dejado, contesto la voz del agente Equis , concertamos una cita para las dos de la tarde en una cafetería del campus, cuando llegue al sitio el ya está allí, me acerque a la mesa y al instante sin siquiera preguntármelo me pidió un café, hablamos largo rato le sugerí mis pensamientos con respecto al orden de las fotos, y le hice notar como de pasada que yo sabía cuál era el lugar que mostraba una de las fotografías, la orilla de una carretera a la salida de la ciudad. Me permitió por esto acompañarlo a visitar el sitio, esperábamos encontrar algunas pistas, todo trascurría con un extraño colorido como si fuera una película de ficción a la cual yo asistía sin tener una clara noción y sin siquiera saber cual papel desempeñaba en la historia. -Me pregunto Equis.- Que así se llamaba el detective, que significaba aquella extraña nota escrita en el lenguaje propio de un loco. Le explique entonces que compartíamos el cuarto, compartíamos nuestro tiempo entre clases, incluso tomábamos muchas clases juntos, lo conocí cuando llegue a la ciudad con mi inseguridad de campesino, era un loco pero al ver como disfrutaba de su locura tan plenamente, me enamore de su forma de ser, aparte de su peculiar sentido de la existencia jamás le conocí ninguna otra cosa rara, siempre pensé que él era así por su afición a los juegos de rol y por su afición al cáñamo de la india, quizá por eso también escogió la carrera que escogió.

Nunca me hablo de su padre pero en algunas aventuras de rol me parecía presentirlo en un personaje recurrente, un mago negro, que siempre terminábamos por descubrir, moviendo los hilos de la historia en el final de todos los juegos, era un ser astuto e inatrapable que lograba huir esfumándose cuando se lo tenía acorralado. No se me había ocurrido pero todo aquello se parecía a los típicos juegos en los cuales me involucraba mi amigo, a veces sin mi permiso y muchas veces mas sin siquiera saber que se trataba de un juego, después de todo yo no había visto jamás el cuerpo, todo parecía indicar que era un sucio juego de ese desgraciado de Eme, pensé que estaba bien, también yo me divertiría siguiéndole el juego, asistiendo a su estúpida pantomima.

Finamente encontramos el sitio, eran las cinco de la tarde, estábamos comiendo un plato de cuajada con melado en un parador a la orilla de la carretera, tenía un letrero de cerveza viejísimo y carcomido por el oxido feroz de la intemperie y a un lado como pintado con una brocha había un nombre, Colombia 86, le mostramos las fotos a la persona que atendía, era una niña de cachetes colorados con una expresión sempiterna de astucia mal disimulada, carácter que es típico de los campesinos de este país de contrastes, nos dijo que las piedras estaban a media hora de recorrido, por un camino polvoriento que se separaba de la carretera en la entrada misma del negocio, nos acabamos el postre y tomamos por la vía destapada, no nos demoramos media hora sino cuarenta y cinco minutos, luego reconocimos el lugar, era un valle salpicado a intervalos por rocas que podían tener unos cuantos metros, hasta gigantes que se levantaban como panes de azúcar en el mar verde de la llanura, bajamos del automóvil, el atardecer proyectaba las sombras oblicuas sobre el suelo, alargadas y delgadas, pronto se ocultaría el sol pero teníamos por lo menos otra hora de claridad, precavidamente Equis saco un par de linternas del baúl del auto, empezamos a buscar la roca con la hendidura perpendicular, Equis fue quien la encontró y me empezó a llamar dando gritos, corrí hacía el lugar y cuando llegue pude observar que lo que pensábamos una hendidura era en realidad una fractura de la piedra, una fractura que abría un camino hacía su interior, caminamos apretujados a través de la grieta, pegados a las paredes y de medio lado, pues era muy estrecha la abertura; un par de metros más allá se ensancho, entramos a una habitación en el corazón de la roca, era de un tamaño mediano yo diría que podría contenerse a una veintena de personas, había algo así como un proscenio contra la pared del fondo y a cada uno de sus lados se abría una entrada a otra estancia, el piso era de una arena suelta y levemente amarillenta, alcanzamos a ver en el centro un manchón, un sitio en que la arena era más oscura, parcialmente negra, Equis se acercó, se acuclillo y tocándola con los dedos dijo.- Es sangre seca.- La observación a pesar de ser más bien un pensamiento expresado en voz baja tuvo un efecto contundente en mi persona, el pulso empezó a golpearme las sienes con violencia, el espacio era opresivo sentí una clara fobia hacía el sitio, sentí nauseas y fue allí cuando me desgoncé en el piso, había perdido la conciencia, me recobre creo que a los pocos segundos, Equis había desaparecido, solo vi la linterna encendida y tirada en el piso a un lado mío, me levante y empecé a alumbrar toda la caverna, ya no me cabía ninguna duda, Eme era el responsable de esto, era sin duda alguna un sublime acto de teatro, solo esperaba el momento en el que apareciera por una de las entradas con los brazos estirados para recibir la ovación, el gran director, cagándose de la risa y diciéndome con voz cortada por los accesos. –Debiste ver tu expresión.- Por más que espere no lo vi, esto me hiso pensar que la broma aun no había terminado, explore las otras entradas de la caverna, en una de ellas y luego de avanzar unos metros descubrí unas escaleras talladas en la roca, me devolví y encontré que al final del otro túnel había una habitación circular de unos dos metros de diámetro, en su interior había un hueco profundo por el cual subía un viento gélido y que sonaba aullando en su prisa, me incline y escuche con atención, calcule que unos treinta metros más abajo había una corriente de agua subterránea, era un camino serrado, me decidí a explorar la otra estancia, bajé por las escalas de piedra, descendían haciendo círculos y eses más o menos unos cuarenta metros, al final descubrí un pequeño corredor en cuyo fondo me encontré con una reja metálica, en verdad que el que la había fabricado era un artista, los fierros de la reja se enredaban y se superponían unos con otros imitando esa desordenada profusión de la vida vegetal, no había nada que indicara que era una puerta, nada que indicara que era una entrada perecía más bien un tapón, un signo de prohibido el paso, acentuaba mas esta sensación el hecho de que la planta que imitaba era una hiedra venenosa, o una ortiga como la conocía yo, en fin, parecía estar sólidamente empotrada en su sitio, dirigí el haz de luz hacía las paredes de la cámara en la cual me encontraba y fue entonces cuando en un recodo del pasillo vi a un demonio saliendo de la pared, creo que proferí un grito aterrorizado retrocedí presa de la sorpresa, aunque ya me había dado cuenta que era una gárgola, me golpe con algo la cabeza, caí al piso y rodé en un gesto instintivo, entonces percibí con claridad un chasquido metálico y un fuerte impacto, repentinamente me encontré del otro lado de la reja, no alcanzaba a comprender muy bien lo que había sucedido pues aun me sentía atontado por el golpe, me toque la cabeza allí donde surgía el dolor y sentí húmedo el pelo, al parecer me había abierto una herida, me aclare la mente sacudiendo la cabeza, y me pregunte como era que me encontraba al otro lado de la reja, la linterna había quedado del lado opuesto, metí el brazo por entre los barrotes pero no la alcance, trate de dejar de lado la locura y pensar con claridad, me toque la ropa y encontré mi encendedor, lo prendí con un movimiento de la mano que se había convertido ya en un acto reflejo y volví a meter la mano a través de la reja, la luz amarillenta y mortecina que expelía la llama de butano, me permitió distinguir la escultura de un demonio que emergía de la pared, era una especie de candelabro para antorchas y parecía brotar de la roca, conjeture que al retroceder sorprendido había activado un resorte oculto en algún lado, un mecanismo para abrir la puerta, un mecanismo seguramente de tiempo, se serraba automáticamente en un par de segundos, hube entonces de apagar la llama pues el encendedor empezaba a calentarse de continuar de este modo no tardaría en derretirse, espere unos cuantos segundos, medite en el hecho de que un prodigio en el cielo se refleja de igual manera en un prodigio en la tierra, tal como es arriba… es abajo, encendí nuevamente la llama y busque el resorte tanteando la pared del lado del lado interior de la reja, pero tras dos horas de búsqueda infructuosa decidí detenerme, me senté en el frio suelo de piedra descubrí que ya no era la misma textura del lado de afuera, la roca del piso era pulida y tenía un ligero declive hacia el interior, tras avanzar un par de metros el corredor lucía interminable, regrese nuevamente hacia la reja, tenía unos sentimientos extraños mescla de excitación y terror, metí la mano a través de la reja y empecé a tocar la pared donde me había golpeado, por fin a un palmo del suelo una roca idéntica a las demás cedió levemente a mi presión, escuche el chasquido de metales y la reja se levanto tan rápido que me dio un fuerte golpe en el codo asiéndome sentir una llamarada de dolor, pero inmediatamente se abrió salte al otro lado, fue allí cuando decidí que era ya una broma demasiado pesada, agarre la linterna y subí las escaleras, traspase la estancia en la que estaba la mancha en la arena, traspase la grieta y emergí del otro lado.

El cielo era límpido y no parecían ser las diez de la noche como decía mi reloj, vi cientos de estrellas que me parecieron, extrañamente, más cercanas, camine hacía el sitio en el cual Equis había dejado el carro, pero pronto sentí que ya debería haber llegado a la carretera y no había signos de ella por ninguna parte tampoco vi las cuerdas de alambre de púa que parcelaban el terreno, me sentí entonces perdido como en medio de una ilusión, me subí a una roca y vigíe por todo el terreno pero no había ninguna carretera, me tire entonces, en un arrebato súbito de desaliento, pase la mano por mi cabeza y fue entonces que percibí, presa del horror, que no conocía ninguna de las constelaciones que veía, era un cielo nuevo y descocido, había una luna de una clara opacidad que al mirarla con atención me rebelo haber sufrido un tremendo impacto, pues se notaba fracturada.

Esperamos a beses toda una vida para que nos ocurra algo extraordinario y cuando nos ocurre nuestra miopía espiritual no lo deja notar, no fue ese mi caso, yo Ele, poseí la magia de interactuar entre los universos y ahora la he perdido por culpa de la narcosis del conocimiento, todo crece en la soledad, incluso nuestro monstruo interno, quizá debiéramos algunos alejarnos de ella, traspasando ahora los hechos al papel rememoro aquellos sentimientos que me asaltaron en aquel lugar extraño, bajo un cielo descocido, pienso que todo lo que sucede en el universo, todos los hechos, todos los aconteceres, son únicos e individuales, el hecho de no poder formar parte de un algo, hace que nos alejemos para siempre de la comprensión de la verdad, un solo error infinitesimal que compromete toda la existencia del cosmos como una infame aberración y desdice del orden matemático de Dios… El tiempo es una sustancia permeable, algunos autores de física proponen osadamente los viajes en el tiempo, la física teórica lo considera plausible, tales apreciaciones abren mi mente a posibles explicaciones y posibles justificaciones…

No sé cuánto tiempo contemple horrorizado y petrificado ese cielo, quizá pudieran ser diez minutos, quizá pudieran ser cuatro horas, acaso con la experiencia me daría cuenta que todo el tiempo se condensa en el instante presente, el instante que transcurre, el segundo único, la partícula de tiempo siempre igual que se replica y se reutiliza eternamente en un siclo infinito y que aclara la gran mentira del correr del tiempo, empezaba a percibir el tiempo como algo arquitectónico, como en un gigantesco proyecto de papiroflexia todo se superponía en mi mente con asombrosa nitidez, me incorpore y volví a la roca con la hendidura perpendicular, estuve junto a la grieta en el instante mismo en que amanecía, al parecer esta nueva dimensión en la cual me movía se encontraba adelantada unas siete horas de mi lugar de origen, en aquel momento se hizo fácil decir cuál era mi lado de la realidad, posteriores viajes y datos suplementarios me hicieron comprender, o más bien olvidar el origen de mi ser, me sentí como aquel venerado sabio chino que soñó con ser una mariposa pero al despertar no pudo decir, si era un hombre que soñaba ser una mariposa o una mariposa soñándose hombre.

Entré nuevamente en la roca bajé las escalas y llegué hasta la escultura de la pared, toque con el pie la piedra que ocultaba el mecanismo y la reja se abrió, entré sintiéndome como Fausto al iniciar su viaje infernal, un escalofrió húmedo de sudor me erizo hasta los tuétanos, anduve por un espacio de tiempo indefinido pues al tratar de comprobar cuanto hacía que avanzaba por el corredor pude apreciar que el reloj se había detenido. Después de un buen rato de caminar note que el declive del túnel se hacía más acusado pero ninguna cosa más parecía anunciarme que estuviera avanzando realmente, por un momento pensé que el tejido del espacio tiempo tenía una inexplicable rasgadura, se me hizo impensable que existiera algo mas en el universo que ese corredor de roca pulimentada, la linterna pronto empezó a bajar la intensidad de su luz hasta que llego el momento en que no alumbro en absoluto, camine aun mas hacia el interior, pensé con una especie de terror a lo divino en esos míticos dioses de la india que descendían al infierno de los condenados a través de interminables pasadizos, sentí sed, sentí hambre y terror, pero ahora que he llegado a percibir la oscura maldición que me llevó a aquel sitio no siento miedo, solamente alcanzo a percibir vagamente un cansancio sin fin y una tristeza sin límites pero apenas como un eco lejano, como un malestar presentido en sueños, pensé en aquel entonces que podría perecer en aquel lugar, y que quizá ya nadie encontraría mi recuerdo, ni sabría siquiera que existí, hoy se que fue una falsa ilusión, no existe en todos los universos concebidos, el olvido suficiente, para una sola criatura como yo, atrapada en los meollos del tiempo, preso de la jugarreta cósmica peor planeada.

Prendía a intervalos regulares la linterna que con el descanso reanimaba un poco su luz, pero nada, solo era posible caminar en línea recta por el profundo corredor, de pronto mi mano que llevaba apoyada contra la pared, toco un rastro de babosa humedad descubrí que en ese sitio crecía algún tipo de alga, pues un poco de agua escurría por algún lado, prendí la linterna y a su luz trémula percibí que las algas eran trasparentes, no necesitaban color en aquella noche infinita, las arranque y comí a dentelladas exprimiendo su jugo para tener un trago aceptable…

Todavía hube de caminar otro largo trecho para poder vislumbrar algo de claridad en la lejanía, a medida que me acercaba podía percibirla con más nitidez, no sé qué mecanismo mental opero en mí, pero cuando estuve a unos metros de la boca del túnel sentí una extraña aversión a la luz que entraba por aquella boca, me detuve y permanecí indeciso entre el claroscuro de aquel sitio, hoy me parece increíble que pensara en desandar el camino, pensé que había sido infectado del mal de la noche, por alguna de las criaturas de las trece tribus lunares, pensé que extraña escena aparecería ante mis ojos al atravesar el umbral, pensé que secreto aterrador se ocultaría en aquel sitio, pensé que la más horrible y la peor de mis imaginaciones palidecería ante la realidad de este misterio, del secreto que yacía en aquella claridad deseada y temida, pensé que tan largo corredor de tinieblas solo era el preámbulo de un secreto terrible, de origen, creí en aquel momento, divino, pensé en los dioses que habían diseñado esa trampa, los imagine terribles, desnudos, locos, dioses desterrados, mendigos divinos que recordaban con furia sus pasadas glorias, temblé ante su sola imaginación, llore; sin sentido ahora lo sé, pues he descubierto que aquel corredor interminable, aquella caverna oscura e infinita fue construida por mi propia mente debido al don maldito de ver y de oír, quizá también para evitarme la locura…

Este es un relato con tres posibles finales, al llegar este punto, puede el lector escoger su desenlace, y no leer los otros, o puede leerlos todos y quedarse con el que más le guste, ya que lo que espero es brindarles posibilidades, a mis lectores y a mis personajes, como en el universo real existe la oportunidad de tener futuros alternativos, nuestro avatar son nuestras decisiones… tomen pues su decisión, decidan el avatar de esta historia.

No es hora de irse.

Finalmente logre atravesar aquella barrera de luz tenue e inapreciable pero casi imposible de pasar, emergí en un lugar inesperado, había un prado verde que centelleaba con el brillo ocasional del rocío, estaba encerrado en una hondonada gigantesca cubierta por muros de fantástica elevación, muros de roca sin posibilidades de escalar, tan empinados como eran, parecía como un hoyo en el piso, como una huella gigantesca en la tierra fresca, un valle de curiosa construcción, un lugar para tener algo encerrado, algo no creado por la naturaleza, debería tener esta llanura interna un Kilometro cuadrado, y era solo un llano del pasto más verde que yo jamás había visto y rocas, rocas como las que encontramos en las fotos de Eme, parecían diseminadas al azar pero sin embargo en el centro de aquel lugar era donde más se apilaban, así que formaban un pequeño montículo, al fondo pude ver una puerta enorme que me hizo pensar de alguna manera en las puertas de las catedrales, fue entonces que una sombra llamo mi atención, se movía en las rocas del centro, me acerque lentamente y entonces la vi, hermosa y misteriosa, perdida sin duda alguna, y creo que en más de una forma irreal, por esa cualidad que poseen algunas criaturas, me miro riéndose y se me acerco, no pronuncio ni una sola silaba, solo me toco el rostro, me asombro tal economía en sus palabras, y sin embargo entendía todo a la perfección, me empecé a sentir somnoliento, me tire en el prado, ahora me pareció tibio y acogedor, me recosté en el regazo de esta mujer, me sentí feliz de inmediato, pensé en forma extensa en la locura, recordé con vaguedad mi primera experiencia con los alucinógenos, creí que un ataque de locura, debía   ser como estar de una turra muy áspera, de pronto me sentí flotando en el mundo de las ideas, como aquellos peses que parecen muertos y que nadan de medio lado, me esforcé en recordar su clase zoológica, por fin lo logre, empecé a jugar con la palabra, “pleuronecto” lo dije en voz alta, entonces volví a la realidad con un sobresalto, ella espeso a reír, sentí otra vez un profundo y acuoso sopor, empecé a caer nuevamente en los dominios de Hipnos, me cole en otras existencias, fui uno y otro y todos a la vez para al final no ser nadie de nuevo, me perdí en una calle empedrada, creo que era la candelaria, comercie con las hirsutas gemas verdes que nos regala Boyacá, navegue en un viejo vapor cuyo oficio era comerciar esclavos en Nueva Orleans, fui una beata en una catedral de sal, con un miedo infinito a quedar sepultada en aquella mina, fui tantas cosas para saber al cabo que no era yo nada.

Desperté otra vez sobresaltado, la vi correr a unos metro de donde yo estaba, sentí el aroma de la fuga, la puerta había sido abierta, y dos seres de trajes brillantes se esforzaban en serrarla, corrí a su lado hasta alcanzarla justo a la entrada, pero era ya demasiado tarde se habían serrado las hojas de la gran puerta, con el aliento entrecortado maldije nuestra suerte, -Nos han vuelto a encerrar.- Dije.

Entonces hablo por única vez con una voz argente y llena de música. –Solo a ti; pues aun no es tu hora de irse.-

Luego desapareció como si fuera de un humo tenue, como si fuera de nada…Como un recuerdo que aun no había podido ser recordado… Como una pintura que el tiempo desdibuja… Fue entonces que caí en cuenta que me encontraba solo…

Aun las utopías esperan.

Me abrí paso por fin hacia la luz y entonces percibí su rostro con una nitidez perfecta. Iba y venía en torno a mi delirio. Era preso de uno de aquellos ataques que tan bien conocía, que me llegaban cuando tenía altibajos de azúcar, y que me hacían perder la conciencia, la recordé y al hacerlo se me antojo perfecta, suculenta en todas sus formas, sutilmente misteriosa, con el tiempo y la convalecencia descubrí que había sido la novia de Eme, me visitaba con frecuencia, llegue a pensar en la muerte de mi amigo con cierta alegría mala, pues comprendía que ahora tenía el camino libre.

Fanática de todo lo esotérico descubrí con el aumento de nuestro contacto, que estaba infestada de la misma trágica perdición que Eme, no sé que me hizo sospechar, la vi como el agente contaminante, vi con claridad la perdición que me esperaba si dejaba que aquella extraña tejiera su red de intrigas y mentiras, sabía de su magnífica maestría, lo sabía y acudí a mi destino impulsado por mi curiosidad y un afán quizá académico, me sumergí en ese mundo extraño en el cual se movían mi fallecido amigo y mi compañera, que era casi una perfecta extraña…

Claro también cabía la posibilidad de que estuviera siendo seducido por aquella oscuridad por aquella sensación de clandestinidad. Por fin pude conocer a los otros que me eran tan anónimos como la extraña mujer, que ese día me anunció con gran secreto que veríamos a uno de sus líderes.

Fumamos un poco de hierba en los predios más alejados de la propiedad universitaria, descubrí el hecho de que todos los seres humanos somos unos interesados, todo lo que hacemos es por que percibimos la ganancia ocasional o por que perseguimos intereses más o menos mezquinos, al haber comprendido esta verdad supe de mi papel en aquella trama, no era algo concreto, era solo la sensación de haber perdido nuevamente mi alma, la sensación de estar vendiendo la conciencia, era el placer malsano de la corrupción, (corromper o ser corrompido.) este placer sin embargo acarreaba oscuras inflexiones de muerte y soledad, medite en la mariposa que surge luego de la muerte del gusano, pensé por un instante, hallé una mejor analogía, el surgimiento de las mitológicas tribus de la luna, de las criaturas nocturnas, los licántropos y los vampiros, seres que poblaban el imaginario eran sin embargo reales, eran estados de las mentes, mentes estas, que la mayor parte estaban perturbadas, pero que eran sumamente brillantes…

Quizá eso era lo que me atraía de ellas, era yo acaso el esclavo de ellas? atado a su luz como el insecto nocturno que persigue la llama que habrá de matarle, y era esa también su ganancia? lo había descubierto? el interés que perseguían los otros. Apacigüe así mi conciencia, el final de mi aventura se acercaba en el tiempo, los acontecimientos se precipitaban.

Se apareció por fin, lo vi caminar de forma descuidada, demasiado descuidadamente como para que no fuera un montaje teatral, se nos aproximo y saludo, miro hacia el cielo calculó que eran las diez u once de la mañana, supo que iba a llover ese día pues vio que el disco solar emitía una luz blanca; parloteo de todo y de todos, se sumergió en la retorica comunista, para impedirnos ver los trágicos devaneos de su pensamiento, después de un tiempo de adoctrinamiento se me dio mi primera misión, debíamos cuidar una casa con Irene, que era el nombre de la joven miliciana, Gabriel era su amigo, me dijo que la casa era de un duro, de un ministro, – Usted solo marqué mi numero cundo el man salga…-

Luego ambos encerrados en el coche, con el pulso latiendo a mil por la descarga de adrenalina… Nos lanzamos uno en brazos del otro cediendo a una tentación antigua…

Mientras, el ministro se salvo por chiripa del atentado, su salida los tomo por sorpresa…

Creo yo que fue lo mejor que pudo pasar…Quizá los tiempos aun no estaban maduros… Quizá aun las utopías esperan… Si, quizá deban esperar… Solo un poco mas…

 

Por nosotros.

Finalmente atravesé el umbral y la claridad me segó, sentí el vértigo de una caída, de la velocidad, envuelto en un esplendor blanco, finalmente pude ver un punto de oscuridad, que se acercaba vertiginoso, yo caía a toda velocidad hacia ese agujero de color cuando las vi; eran como relámpagos, eran imágenes en flashback del homicidio de Eme, vi su cruel tortura, vi una mujer que lo besaba; solo se me ocurrió que era majestuosa; vi a Eme mordiendo la mano de su torturador, vi que este era el detective Equis, finalmente vi a Equis sacar los ojos a Eme con la cucharita de plástico para el tinto, vi todo esto antes de caer en el agujero de color, sentí mi mente emerger a otra realidad, justo a tiempo para sentir un olor ocre en mi nariz, un olor como a orines quemados, enfoque la vista, vi al detective Equis.

-Se ha desmallado.- Me dijo.

–Hace cuanto de eso.-

-Apenas hace unos diez minutos, lo he dejado solo unos instantes para ir al botiquín del auto por las sales.-

Me levante aturdido, nos fuimos a la ciudad, en el camino me pregunto qué pensaba, le dije cualquier cosa, me dejo al llegar a la esquina cerca de mi casa, al despedirme note que tenía una gasa adherida al canto de la mano, recorrí el resto del camino sintiéndome maravillado por el hecho de descubrir que había pasado toda la tarde con el verdugo de mi amigo, estaba seguro que aquellas imágenes que había visto durante mi desmayo eran un sueño enviado por alguien, también estaba seguro de que Eme me había enviado un mensaje en su nota, la recordé, estaba toda escrita en minúscula excepto el nombre Gabriel, caí entonces en la cuenta, atravesé de un salto la reja del antejardín, introduje la llave en la cerradura y por única vez la puerta desvencijada se abrió en el primer intento, subí en tres saltos las escaleras de madera que chirriaron bajo mi peso, me encerré en la habitación, marque un número telefónico.

-¿Si?- Dijo la voz al otro lado de la línea.

-Gabriel.- Dije.- Eme ha sido torturado por el detective Equis, este hecho ha desencadenado en su muerte.-

No me respondieron, colgaron el tubo casi inmediatamente acabe de hablar, a los pocos días leí en un quiosco de periódicos sobre la muerte en extrañas circunstancias del detective Marcos Equis, vi el retrato hablado de su supuesto victimario… Era la mujer que se besaba con Eme…Eso fue todo, al menos para mí… Quise entonces pararme.

-Un momento.- me dijo Ka que era el detective que llevaba el caso del homicidio de Equis.

-Usted pudo tener alucinaciones y por ello creer que Equis era el homicida de su amigo, posteriormente recordó su herida en la mano y en su delirio imagino que era el mordisco que su amigo le había dado a Equis en su forcejeo, todos estos acontecimientos son fácilmente explicables a la luz del hecho de que es usted un epiléptico.

-¡No fue una crisis!- Le dije.

-Bueno si, como sea, lo único que no me quedo claro es como hiso para saber cual numero debía marcar.-

-Inspector, fue muy fácil, recordé que la única palabra que se encontraba resaltada en la nota era Gabriel, decía exactamente “llama a GABRIEL” lo que me hiso pensar que la pista debería ser un número telefónico, luego levante y marque el numero 4 22 74 35, eso son los números con los cuales se forman las letras de la palabra Gabriel en los teclados telefónicos…-

Diez minutos más tarde salía del comando policial, pensé que estos enredados hechos bien podían servir de guion para una película, camine recordando a la extraña mujer que aparecía en el retrato hablado y también en mis sueños, y desde luego pensando que titulo le pondría a esta loca historia… La historia de Eme? Se lo debía, quizá fue también lo último que hice por nosotros… Me metí las manos en los bolsillos y me fui pensando tristemente mientras el día se consumía en la tarde…

 

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AMOR POR LA PATRIA

Aquellos que han pertenecido a alguna milicia podrán apreciar los sutiles entramados de las relaciones humanas.

 

COLOMBIA CONFLICTOAMOR POR LA PATRIA

Los tres hombres se frotaban las manos y soplaban a través de ellas dejando nubes de vapor como si estuvieran fumando, se paseaban de un lado al otro alrededor de una caneca de metal cuyo contenido ardía y golpeaban el piso con sus botas militares como para conservar el calor.

 

 

Estaban enguantados dos de ellos, con unos guantes de lana gruesa y contra toda apariencia increíblemente abrigados, Carlos que era el que llevaba las manos desnudas dijo.

 

-Puto frio.-

 

Sintió como si escupiera las palabras.

 

-Ese Teniente hp que pensara de la vida… ya son las tres y todavía no viene el relevo, fijo se demora, ese cabrón nos tiene entre las cejas desde que supo que nos estábamos robando el pollo de las cocinas.-

 

-Si.-

 

-Prestar guardia alrededor de un maldito árbol, me parece la estupidez mas grande, el puesto más alejado de la guarnición… y el más oscuro…-

 

Entonces una carcajada lo hiso estremecer Mario dio la vuelta y se encontró con la cara burlona de Juancho.

 

-No será que te está entrando miedito, dicen que en este árbol suceden extrañas cosas, en algún momento hace unos veinte años hubo un coronel que gustaba de azotar a los soldados en alguna ocasión colgó a uno por las manos a una rama para poder azotarlo, con el tiempo el lugar empezó a ser sinónimo de castigo, de pronto, un día, alguien apareció colgado… pero por el cuello, aunque parece que no lo había ahorcado el coronel todo el mundo dijo que era alguien a quien se la tenía montada y que no aguanto, entonces se le ocurrió que debía colgarse, pero eso no es todo, unos años más tarde…-

 

-Allí viene el relevo.-

 

Dijo de pronto Carlos; entonces empezó a caminar hacia el sitio desde donde se acercaba la guardia, los otros dos lo siguieron, se acerco al teniente, hizo detener la formación se presento y el teniente a su vez le respondió con ordenes estudiadas, usadas, gastadas, rutinarias y efectivas a raíz de su uso mismo, los hiso seguir a la formación pero no dejo ningún centinela en el puesto, nadie dijo nada pero todos se dieron cuenta del hecho, era este el último puesto de la guardia; los llevo al alojamiento los hiso entregar sus armas al centinela y les dijo que se podían retirar, todos rompieron la fila …

 

-Márquez Saiz y Arias, quédense en su lugar.-

 

Dijo el teniente, eran entonces las tres treinta de la madrugada, los hiso formar y les dijo con berridos tan potentes y tan cerca que les caían góticas de saliva.

 

-Me van a escoltar a la guardia soldados.-

 

Luego dio media vuelta y los hiso marchar a paso marcado, no dijo nada mas, fue hasta el oficial de guardia entrego su turno sin novedad y se alejo otra vez haciendo que los tres soldados marchara a su espalda, a las cuatro de la mañana los despidió en la puerta del alojamiento de oficiales, demoraron cerca de veinte minutos en regresar a la barraca de los soldados, cuando llegaron se tiraron en los catres, ninguno se desvistió, eran consientes que el día de trabajo volvía a comenzar, esperaron la diana, formaron y se marcharon al desayuno, se movían aun algunos medio dormidos, los más lentos, los que no habían alcanzado a bañarse o no lo habían hecho para dormir diez minutos más.

 

Carlos se sonrió, aquella masa informe de rostros somnolientos y aquellos dragoneantes que se esforzaban por hacer despertar al grupo, gritándole órdenes, no le recordaba al ejército de hormigas de que hablaba el teniente (Su fantasía personal sobre la denigración del ser humano.) Aquello parecía más bien un ordeñadero, los vaqueros arriando los animales a un embudo, todos los otros; muchedumbre atontada e indiferente.

 

-No-(Pensó) más bien impenetrable.-

 

Pues ya sabía de las miles de historias que se ocultan en el anonimato de la vida, fue arrastrado casi que en una forma inconsciente hacia el comedor, el castigo físico hiso que el orden fuera reinando en forma gradual.

 

-Todo por un tazón de avena un pan y una naranja…-(Creyó que aquello era un desperdicio.)Mejor me hubiera escapado con Saiz y Marques a dormir escondidos en algún lado… deben estar durmiendo en el tejado, no dormirían en el pastizal cerca del alojamiento pues temen a las serpientes.-

 

Recordó con una sonrisa el día que despertaron a las seis de la mañana en el pastizal y Saiz descubrió una serpiente sobre su bota.

 

Por fin su pelotón siguió en el orden a el desayuno, vio las caras de sus compañeros, recordó que tenia la llave de la oficina de la armería, debía ir a abrirla antes que llegara el sargento Barrero, le decían Tanque, al principio creyó que era por su enorme volumen, luego oyó la historia, alguna vez intento entrar en una tanqueta y se quedo atorado en el tubo de acceso por cerca de dos horas … se perdía en sus divagaciones, oyó que el Gato le preguntaba algo, no se molesto en contestar, se sentía violento, era consciente de sus bruscos cambios de humor, pero no parecía poder hacer nada al respecto, alguien se paró a su lado y otro más al frente, todos los que iban acabando se iban yendo apresurados, consulto su reloj, eran las cinco treinta, todavía podía obtener quince minutos si no se movía de la mesa, alguien se sentó a su lado, no se dio cuenta de quién era hasta que le toco la mano con el dedo, el contacto fue percibido por Carlos con increíble claridad, lo sintió en algún modo magnificado, fue como una descarga de electricidad que lo hizo saltar, se volvió y se estrello con la mirada de ojos aceitunados del Paisa, sintió como su sangre se le subía a las mejillas, abrió la boca barias veces para decir algo pero ningún sonido broto de su garganta, por fin desistió pues escucho que el Paisa le decía.

 

-Pareces un pescado.-

 

Sintió una nueva oleada de calor en su cara y las orejas le ardieron, por fin se pudo parar y dijo en voz baja.

 

-Malparido.-

 

Pero sin embargo el Paisa lo oyó y se sonrió, con una mueca difícil de interpretar era algo así como una alegría siniestra, o mejor una trágica felicidad.

 

Aquel día no se hallaba, la amanecida lo tenía lento y perdido, camino hasta la oficina, al llegar giro la llave, entro y se tendió en una gran silla de cuero que había a un lado de la puerta, pudo dormir cuarenta y cinco minutos aun.

 

 

 

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Saiz y Márquez lo vieron irse en la fila en el momento justo en que ellos trepaban el muro del baño para poder subirse al tejado a dormir, era una maniobra difícil, digna de un funambulista y muy peligrosa, si los veían estaban fritos, se harían a la sombra de un árbol alto y coposo de hojas anchas y un alguna medida parecidas a las hojas del lulo, lo único que tenía como inconveniente eran los gusanos de quince centímetros que anidaban en las alturas… finalmente preferían ambos, los gusanos a las serpientes, ellos dese luego ignoraban que el reptil era inocuo pero en cambio las espinas urticantes del gusano tenían una ponzoña que los tumbaría del tejado entre convulsiones de dolor, se tendieron en el tejado sintiendo las canales en la espalda, se taparon las caras con la gorra y durmieron de un tirón hasta las siete a.m.

 

 

 

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Por fin se levanto tenía el rostro estragado por la trasnochada, se lavo la cara y los dientes, se afeito; con los implementos de aseo que tenía en el mueble de la pequeña cocina que había en una de las dependencias de la oficina, se arreglo, pulió la chapa hasta que estuvo reluciente, cuando llego Tanque ya la oficina estaba lista para el trabajo, Carlos traía de la bodega una caja de madera con piezas de poleas y engranes era un fusil desarmado, puso el cajón sobre el banco y lo volteo; entonces vio a su alrededor todo en desorden … esto lo hiso pensar con desespero en su desordenada vida, todos los elementos estaban allí para construir algo grandioso, pero sueltos y dispersos , todos sus intentos eran un caos informe … se hundió en uno de esos posos de reflexión de los que casi nada podía sacarlo, así trabajo hasta la hora del almuerzo.

 

 

 

 

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Saiz despertó con un sobresalto había estado soñando con una mescla extraña de serpientes y gusanos, ese día tomo la decisión de no volver a dormir tampoco en el tejado, estuvieron en aprietos tratando de bajar del techo, la formación se había prolongado por su culpa, el Teniente (Díaz era su apellido.) conto los soldados que había en la fila, conto los puestos de guardia, las tiendas, las oficinas , las dependencias , conto todos los soldados y le faltaban dos, se rego con un lenguaje exótica que solía adoptar cuando se le recalentaban las ideas, se puso colorado y de tres palabras que decía dos eran groserías, torció su gesto en una mueca brutal y entonces todos recordaron por que le decían Cara de Loco, Marques y Saiz se vieron así encima del tejado mientras Cara de Loco, gritaba y amenazaba con colgar a los perdidos, Saiz intento pensar pero el pánico lo anegaba, sintió el terror como un animal vivo que le anidara en el estomago, Márquez, hombre más aguerrido en el sutil arte de el engaño y la acrobacia, tomo una decisión en segundos, además años de escapadas en la escuela militar lo habían preparado para este tipo de contingencias, así es que rodo sobre el tejado, se descolgó al llegar al borde y se soltó a una altura de un par de metros del piso cayó con fuerza pero con control, echó a correr hasta la formación, Díaz se había hecho imprimir la lista, entro por esto un momento a la oficina y pudo por esa gracia de la casualidad entrar en la formación, sin que ninguno de los oficiales lo notara, fue algo inesperado, pero pronto pasaría algo aun más inesperado, Saiz intento la misma maniobra pero al colgarse de la rama de un árbol para bajar esta se quebró bajo su peso y cayó estrepitosamente, la tropa rompió en carcajadas y Cara de Loco que ahora llamaba la lista se dio la vuelta sobresaltado; en un par de zancadas estuvo frente a Saiz que estaba pálido, por el terror, no del porrazo sino de Díaz. EI teniente lo cogió por la chaqueta y lo levanto de un jalón, lo arrojo contra la tropa dándole una patada en el trasero y lo madreo sin descanso por cerca de diez minutos, luego pareció serenarse un tanto, repartió los servicios e hiso romper la fila, se quedo solamente con Saiz en la mitad de la calle.

 

-A tierra.-

 

Le grito, y volvió con otra andanada de groserías, después de dos minutos de estar en el piso sostenido por sus brazos en posición de flexiones de pecho sintió Saiz las consecuencias del golpe, sintió un dolor inmovilizante en la cadera y toda su espalda, no pudo más y finalmente cayó como un costal de papas, tuvieron que llevarlo al hospital, el teniente tubo que alzarlo pues las piernas no le respondían, se asusto putamente, pensó en todas esas historias de la gente que queda lisiada por un accidente estúpido, el teniente lo acostó en el Jeep y partió, le toco la frente y le pregunto que le pasaba.

 

-Me duele la espalda y no puedo mover las piernas.-

 

AI llegar al hospital el teniente lo llevo de una vez a radiología, el oficial de sanidad era su amigo, le explico la situación y lo revisaron en el instante, dijo a Díaz.

 

-Este necesita de una visita al quiropráctico, no tiene nada pero su espalda puede estar soportando la presión de un ligero desencajamiento, el especialista viene mañana, déjalo y para las dos de la tarde estará mejor.-

 

Entre tanto Saiz los escuchaba aliviado, pero no por eso dejo de sentir el terrible dolor de espalda; sentía como si se fuera a reventar, finalmente ocupo una cama y le dieron un sedante.

 

 

 

 

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A medio día Tanque dijo.

 

-A almorzar.-

 

Y salió. Carlos se demoro aun 20 minutos más pues debía de levantar todo y dejarlo bajo llave, luego se mojo la cara y la cabeza, se seco y pensó que odiaba aquel clima tan cálido, se puso la gorra, cogió de su gaveta el plato con los cubiertos y se fue al comedor, allí se encontró con Márquez quien lo puso al tanto de las aventuras acrobáticas de Saiz, le dijo por fin que iba a llevarle el almuerzo al hospital de la guarnición.

 

-Yo lo acompaño.-

 

Le dijo Carlos, comieron apresuradamente, iban ya de camino al hospital tras haber hecho servir un almuerzo de mas, cuando alguien lo llamo por su apellido, reconoció la voz con una especie de ansiedad, al volverse vio que el Paisa le agitaba la mano desde el alojamiento; Carlos miro a Juancho y le dijo.

 

-Tengo un negocio con el Paisa, dele mis saludos a la hueva del Saiz, dígale que cuando se mejore el teniente lo va a hacer desear estar en el hospital.-

 

 

Luego echó a caminar hacia el alojamiento, cuando estuvo cerca del paisa este le dijo.

 

-La tengo, vamos a echárnosla esta noche, a las nueve paso por la oficina ok?-

 

Arias asintió pero no dijo nada, cuando estaba con el Paisa se le atoraban las palabras, estuvieron juntos mientras se cepillaban los dientes en el baño que hervía de movimiento, se despidieron, el paisa fue a la oficina del coronel pues allí trabajaba, entre tanto Carlos Arias apenas si logro concentrarse el resto de la tarde en los engranajes de fusil en los que trabajaba.

 

 

 

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-Le traigo el almuerzo al soldado Saiz.-

 

Dijo Márquez en la oficina de la recepción, tras de verificar una lista la enfermera lo dejo seguir dándole algunas indicaciones sobre como hallar la habitación de su amigo. Hablaron hasta las cuatro y media, se retiro entonces, pues recibía el turno de la guardia nocturna. EI calor de la tarde era atenuado por la briza poderosa que se levantaba cerca del aeropuerto, las nubes se colorearon de un rojo malva…se puso a divagar, recordó por casualidad el cunchito de hierba que tenia echa un manojito en uno de los bolsillos del camuflado … la encendió y escapo por un instante de la tiranía del tiempo, se hundió violentamente en el estado existencial que tan bien conocía, en aquel momento empezó a llover, se escampo bajo de un árbol, vio como las pistas de aterrizaje despedían un vapor tenue, la lluvia era torrencial, se perdió en los laberintos de su mente; en los pensamientos inútiles, medito que siempre que estaba triste, llovía, malignamente infirió que él podía influenciar el clima, pensó por un largo rato que era un Dios al que habían depuesto imponiéndole el destierro de olvidar quien era, dedujo que era una poderosa deidad … quizá un rey de Dioses. Cayó en la cuenta, por fin, que recordar tales hechos le traería la horrible consecuencia que no conseguía recordar, estaba ya a punto de descifrarla cuando un estruendo sobrecogedor acompañado de un lamparazo de dos segundos, despedazo un árbol a doscientos metros de donde se encontraba Márquez, que sintió de golpe el peso de lo impredecible, eso lo abrumo, se sintió “putamente mortal” como algo que está a punto de desaparecer. Fue consiente entonces que se había demorado mucho, cuando llego se encontró con Carlos, este le dijo.

 

-Vámonos de copas esta noche.-

 

-No puedo Arias- (Dijo Márquez) me toca la guardia nocturna; que cagada.-

 

-Sí, una verdadera cagada, pero no importa yo voy a tomar por los dos.-

 

-Seguro. Mañana también tendrá guayabo por los dos.-

 

Se alejo por que estaban formando la guardia, fue entonces que a Arias se lo dijeron le tocaba el turno de las tres a las seis de la mañana en el palo.

 

-Teniente de la mierda (Pensó.) tengo que cancelar la fiestita de la noche.-

 

Se acostó y durmió hasta las dos y cuarenta y cinco a esa hora lo despertaron para alistarse al turno, hizo la ronda con la guardia en una especie de trance, entonces detuvieron la formación, a lo lejos se veía la silueta del árbol, iArias! Grito la voz del dragoneante, se fue para su puesto a todos les pareció siniestro el lugar, solo Carlos Arias lo miro con indiferencia, y no pudo dejar de notar ese sentimiento, por eso se puso en la tarea de descubrir a que se debía este cambio, se sumergió en su meditación por cerca de tres cuartos de hora, entonces algo llamo su atención, alguien se acercaba, pronto escucho que lo llamaban, era Márquez.

 

-Estoy castigado hasta el culo (Le dijo.) ahora le paso revista al turno de la guardia nocturna.-

 

Hablaron largo rato hasta que Arias descubrió por que el sitio ya no le asustaba.

 

-En una película de terror lo último que uno ve es el monstruo (Dijo.) AI principio, solo se escuchan gritos… luego se ve la sangre, pero Díaz nos castigo demasiado y ya sabemos que no hay monstruo, que el asesino es el que sirve los tintos…-

 

-Quizá tenga razón chino pero olvida usted algo importante y es que el ser humano es masoquista, o si no porque vemos esa horrible película de la cual sabemos de antemano que nos quitara el sueño, o no es acaso por el placer de que nos torturen que pagamos por subir en las atracciones mecánicas,(Arias se rasco los ojos con el dorso de la mano, se sonrió al pensar que su amigo veía el lenguaje como algo arcaico, allende el hombre, algo de origen si se quiere divino, perdido en la remota infinidad del tiempo, pensó que cuando el cura hablaba de aquello como, “Lo primero fue el verbo y el verbo era dios,” Márquez vería una palabra flotando en el universo.) es más me he dado cuenta que el hombre del campo conscientemente mantiene vivos sus mitos; sus narraciones fantásticas en escenarios reales hacen que el miedo pueble sus inconscientes, tal vez lo que sobrevive en estos hombres es el deseo de creer en lo imposible, el deseo de pensar que la oculta fuerza del bosque late en cada girón de neblina que ocasionalmente se enreda en cualquier arbusto. Vera (Dijo aun, como para terminar; ya casi amanecía.)que le voy amostrar a alguien que aprecia el miedo no es como usted que ya perdió el gusto de sentirse vivo, es más si lo conozco bien, y así es, está esperando con ansia, no haya el momento de recibir el terror que le puedo brindar. –

 

Se fueron caminando y ablando mientras amanecía pues a lo lejos se veía venir el relevo.

 

 

 

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La noche fue terrible, sentía sed y ganas de orinar pero no se podía parar, a las seis a.m. lo llevaron para que se bañara, noto con alivio que ahora aunque le dolía la espalda se movía con más libertad, a las nueve de la mañana el especialista lo oprimió con unas maquinas y el alivio surgió casi que de manera instantánea. Media hora después se comía las uñas y se le habrá aflojado el estomago, imaginaba que iba a hacer Díaz luego que se le presentara, nuevamente se le encogió el estomago y le sobrevinieron las ansias de vomitar, por fin impulsado por el terror de un castigo peor si se demoraba, se le presento al comandante, este lo miro con un destello en los ojos, pero no le dijo nada, solo le ordeno pararse al pie de la puerta de la oficina, por fin despachó sus asuntos, entonces le dijo.

 

-Saiz, pida un machete en la dependencia y corte una rama de aquel árbol (Lo dijo señalando un enorme árbol que se veía en una colina como a tres kilómetros.) debe ser una rama flexible y joven, no muy gruesa.-

 

Partió Mario Saiz a cien felicitándose por tener tanta suerte, había salido prácticamente indemne de su hazaña, pensó que quizá el teniente no lo castigaría por temor a que tuviera una recaída, entrego entonces la rama de unos ochenta centímetros al teniente.

 

-Muy bien soldado (Dijo Aun.) quizá debería hacerlo mi estafeta.-

 

Lo llevo al baño y entrar dijo al centinela.

 

-Un numero ente uno y cinco.-

 

-¡Seis!-

 

Respondió el centinela, se sonrió pues ya conocía el juego, se acerco confianzudo a Saiz y dijo.

 

-Huele a carne quemada (Y olisqueando el aire) y es de recluta.-

 

-¡¡¡Quítese la guerrera!!!-

 

Bramo Díaz, Saiz se estremeció y se la quito, luego con igual energía lo hiso quitarse la camisa (Pensó Saiz en un montón de aberraciones sexuales.)entonces el centinela del baño lo cogió por las muñecas dejando en medio una columna, no pensó que le pudiera pasar, pero entonces el primer azote lo hiso gritar, luego sin esperar otra cosa sintió el segundo azote, por un instante, al respirar, sintió como se le escurrían las lagrimas por la mejilla, luego un tercer golpe le mordió la piel, escuchaba los azotes con una claridad irreal, por fin lo soltaron y se derrumbo en el baño le ardía la espalda, sentía una ira creciente, sus lentes estaban nublados por el sudor, el castigo había sido corto pero intenso, se paro y se metió en el baño aun vestido de la mitad de la cintura para abajo; la ducha se abrió con un graznido; salió luego de diez minutos, estaba más sereno pero sentía algo por dentro, algo nuevo, algo que nunca había experimentado, era el impulso de la rebeldía … se vistió con ropa seca y se fue a su trabajo en una de las tiendas porque Cara de Loco lo había mandado.

 

 

 

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AI medio día se encontraron, les había caído la mala, estaba lo que se dice cagados, Saiz les mostro la espalda, ya habían oído de ese tipo de castigo, pero hasta ahora no habían azotado a ninguno. Márquez dijo.

 

-No se preocupen seguro los pone a prestar guardia en el palo y yo los veré pues me tiene revisando la guardia.-

 

Almorzaron con desgano y Márquez se la monto a Saiz hasta que casi lo hizo llorar de la piedra, por fin al irse le dijo.

 

-No se vaya a colgar por la noche cuando lo dejen cuidando el palo.-

 

Se retiraron a su trabajo, entonces el paisa se le atravesó.

 

-¡Me dejo metido anoche!-

 

-No yo… yo…-

 

Se sentía estúpido, dándole explicaciones, pero aun así le dijo.

 

-Estuve castigado en la guardia, se me olvido decirle, por eso me acosté temprano anoche.-

 

-Bueno pero esta noche si es la vuelta.-

 

-No mijo, fijo esta noche me toca prestar guardia otra vez.-

 

-Fresco chino, yo le soluciono ese problema,(Y cambiando la voz.) si eso es lo único que te preocupa “podéis ir en paz” (Todo muy teatral.)-

 

Y se alejo cangándose de la risa. Volvió a sentir después el almuerzo que no se podía concentrar en su trabajo, los engranajes le sabían a mierda.

 

 

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Toda la tarde Saiz tuvo que soportar a Márquez que se había volado de la guardia y lo acompaño solo para poder burlarse de él a las cinco lo tenía ya al borde de la deserción, no lo soportaba y le dijo.

 

-Chino le doy gaseosa y papas… pero ¡abrase!

 

 

Márquez le hiso una mueca con sorna, le hiso una reverencia burlona y desapareció tras tomar una gaseosa y no uno sino dos talegos de papas.

 

 

 

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Se encontraron nuevamente los tres a la hora de la formación, leyeron el turno de guardia y para su sorpresa Arias no estaba, Saiz y Márquez en cambio aparecían, este ultimo dos veces.

Entraron y se sentaron en los catres, el sitio estaba activo por todos lados; afuera un Cabo se ocupaba en hacer que la guardia se formara, entre tanto los tres fumaban un solo cigarrillo, por fin Mario se lo entrego a Carlos, se pararon y se fueron a formar, eran los últimos y por ello los castigaron con treinta flexiones de pecho, Arias suspiro se tendió en el catre, al serrar los ojos aspiro profundamente su cigarro, le pareció escuchar como ardía el tabaco, pero era una ilusión; había mucha bulla; abrió los ojos entonces y se sobresalto pues recostado en el catre estaba el Paisa.

 

-¿Listo? Amiguito.-

 

Arias asintió y le dijo mirando su reloj.

 

-Nos vemos a las nueve, me voy a dar un baño. Fue un día largo.-

 

-No hay agua.- (Le dijo el Paisa)

 

-Me voy a lavar en los baños de campaña.-

 

EI Paisa se fue y Arias arrojo la colilla por un hueco en la ventana, se desvistió y solo con la pantaloneta y la toalla camino los quinientos metros que lo separaban de los baños de campaña en los cuales siempre había agua, al llegar vio que no había nadie, había unas pilas llenas del liquido, se desnudo y se metió en uno de los tanques, estuvo nadando por cerca de diez minutos entonces se salió, se puso la llave de la oficina (Que siempre la cargaba.) alrededor del cuello y empezó a caminar nuevamente hacia el alojamiento, en ese momento la luz se fue con un chasquido, empezó a caminar como un pato, tratando de ver en la oscuridad de la noche, se acerco a un arbusto espeso y alguien lo jalo hacia él, pensó en gritar pero le taparon la boca, sintió un aliento en su nuca, reconoció el olor de aquel que lo tenía agarrado, se erizo, sintió que le quitaba la llave de alrededor del cuello y le decía.

 

-No vaya a gritar o si no…-

 

Y lo amenazo con su dedo puesto en forma de pistola. Arias dijo que si con la cabeza y sonrió, ahora caía en la cuenta de que el Paisa realmente estaba chiflado, lo sintió escabullirse en las sombras en dirección a la oficina.

 

Volvieron cuando arias estaba a punto de irse, Saiz tenía el disgusto reflejado en la cara.

 

-Turno de doce a tres en el palo.-

 

Márquez le puso la mano sobe el hombro.

 

-Bueno al menos usted no está doblado como yo, turno de guardia y revista.-

 

Saiz se desvistió y se acostó refunfuñando Juancho Márquez se tiro en el catre vestido, cada hora debía de levantarse para vigilar la guardia, Carlos le tiro unos cigarros que le quedaban en un paquete arrugado y se fue… caminaba despacio, fuera de los alojamientos la luz de las lámparas de gasolina extendía sus amarillos rayos. Se acercó a la oficina y toco con las uñas en la puerta, esta se abrió inmediatamente, el Paisa había prendido dos velas y las había pegado al piso para que su resplandor no se viera. Tenía una botella de whisky Sello Rojo, estaba sentado en el piso sobre un cojín de la silla de cuero, Carlos saco unos vasos de la cocina y bebieron… los primeros tragos fueron ásperos y le hicieron arder la garganta, luego, lo invadió una sensación de bienestar y cayó en la cuenta de que estaba empezando a emborracharse.

 

 

 

 

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A las once y cuarenta y cinco lo despertaron a la mala, se levanto sobresaltado, estaba un tanto afiebrado debido a la azotaina que le había aplicado el Teniente, fue conducido con la guardia y su estómago se encogió de pánico cuando lo dejaron en el palo y la formación empezó a retirarse; la oscuridad era total, pues aun la luz no había regresado, estaba ansioso, cargo su fusil y lo aseguro nuevamente, trato de infundirse seguridad con este hecho, el saber que su arma estaba cargada sin embargo no le devolvió la tranquilidad. De repente una carcajada lo sobresalto, se le erizaron los pelos por el susto, a pesar que sabía que era la risa de Márquez; apareció burlón a su izquierda y empezó a molestarlo, al principio lo soporto pues sentía necesidad de compañía, pero a medida que pasaba el tiempo empezó a sentir que Márquez le era insoportable.

 

-¡¡¡Abrase!!!-

 

Le dijo por fin, con los ojos llenos de lagrimas. Estaban a dos metros de distancia, Márquez se rio con más fuerza (La risa de batir.) entonces Saiz reventó, levantó el fusil, desaseguro y luego presionó el mecanismo de disparo… una detonación lo lleno todo, a dos cuartas de la bota de Márquez una roca se astillo por el tremendo impacto, entonces se dio media vuelta y se alejo riendo y pensando que después de todo no era tan buena idea seguírsela montando a Saiz.

 

 

 

 

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Era en realidad muy malo para tomar, empezó a sentir la depresión alcohólica, el Paisa en cambio estaba como si tal, se pregunto por qué deseaba las cosas tan profundamente y luego por que se hartaba de de todas ellas hasta sentirse aborrecible por su insuficiente control de aquellas tinieblas, el Paisa empezó a hablar, su voz delataba tenuemente su ebriedad, Arias se sintió hipnotizado al instante, se dejo caer en el abismo de esos ojos con los cuales a veces pesadillaba, fue plenamente consciente de que era seducido, el Paisa utilizaba todo su arsenal retorico, se considero, luego, un privilegiado uno de esos seres que son capases de experimentar el amor en todas sus extrañas y variadas formas, Arias considero que todo aquello era una farsa, una sucia pantomima en la cual había caído, en parte porque era inocente y en parte porque su juego era la inocencia … se acercaron un poco, Arias sintió el aliento del Paisa que olía a alcohol, se acercaron aun mas… sus labios se tocaron, se fundieron; en ese momento oyeron a lo lejos el ruido de una detonación.

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